ICE suma un nuevo equipo: los polémicos guantes que aplican descargas eléctricas al contacto Mundo

ICE suma un nuevo equipo: los polémicos guantes que aplican descargas eléctricas al contacto

Staff/Letras Prohibidas

WASHINGTON DC., Estados Unidos. –El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos planea invertir hasta 20 millones de dólares en “The G.L.O.V.E.”, un dispositivo que combina función táctica ordinaria con capacidad de choque eléctrico. Especialistas y organizaciones de derechos civiles advierten sobre riesgos de abuso y falta de mecanismos de control.

Un requerimiento publicado por el Department of Homeland Security (DHS) en su portal de compras reveló un plan para invertir entre 10 y 20 millones de dólares en dotar a ICE de guantes diseñados para aplicar choques eléctricos.

La tecnología, denominada “The G.L.O.V.E.”, es desarrollada por la empresa Compliance Technologies y está pensada para someter a personas mediante descargas de bajo voltaje durante el contacto físico directo.

El fabricante enfatiza que el dispositivo no es un arma. Su diseño es de uso dual: funciona como un par de guantes de patrulla ordinarios hasta que el oficial presiona un botón ubicado en la muñeca para activar el modo eléctrico, momento en el que el dispositivo se comporta como un táser.

Para transmitir la descarga, los guantes deben aplicarse directamente sobre la piel expuesta de la persona bajo el agarre del oficial. Los puntos metálicos integrados emiten un estímulo de dolor inmediato y agudo que, según especialistas, se asemeja a la picadura de una abeja.

De acuerdo con la empresa, esto representa una ventaja frente a un táser convencional, ya que el dolor se limita a la zona de contacto en lugar de recorrer todo el cuerpo. Su uso, afirman, no deja heridas penetrantes ni laceraciones y resultaría más seguro para personas con marcapasos.

Sin embargo, el dispositivo presenta particularidades relevantes: no cuenta con ningún mecanismo de apagado automático. Aunque los manuales de entrenamiento recomiendan a los oficiales no utilizarlo por más de 15 segundos seguidos, la ausencia de un límite físico permite aplicar descargas más prolongadas. El guante conserva teóricamente un registro de cada uso, pero esta información no se transmite de forma automática, sino que debe extraerse manualmente desde el propio dispositivo.

En su sitio web, el fabricante describe que “El G.L.O.V.E. se transforma rápidamente en un CD3 (Dispositivo Conductor de Distracción y Desescalada) cuando se utiliza dentro del Continuo de la Fuerza”, presentándolo como un complemento para agencias de seguridad, fuerzas correccionales, servicios de emergencia y personal militar.

Aunque el DHS promueve el dispositivo como una herramienta de desescalada, distintos críticos y expertos legales han manifestado alarma ante posibles abusos de fuerza y la dificultad para documentar lesiones derivadas de su uso.

Existe además preocupación por los riesgos a la salud en condiciones de humedad o ante un uso prolongado, sumada a los cuestionamientos históricos sobre la transparencia de la agencia. En un comunicado citado por medios estadounidenses, Rolnick Borchetta, subdirector de la ACLU, expresó su inquietud sobre el uso que podrían darle los agentes de inmigración al dispositivo, señalando que la agencia ha mostrado disposición a recurrir a la fuerza con consecuencias graves, y que equiparla con herramientas capaces de aplicar descargas de forma encubierta representa un riesgo mayor de daño público y menor rendición de cuentas.

Los críticos de la iniciativa subrayan además que el entrenamiento requerido es mínimo: el curso ofrecido por el fabricante tiene una duración aproximada de tres horas, y las respuestas al examen de opción múltiple se encuentran publicadas abiertamente en el sitio web de la propia compañía.

Por estas razones, distintas voces cuestionan si el equipo realmente servirá para proteger a los oficiales o si, por el contrario, podría facilitar actos de violencia excesiva.

La mayoría de los clientes que han adquirido estos guantes desde 2018 son departamentos de policía locales, como el de Omaha, Nebraska, que los utilizan para someter a personas dentro de cárceles, ambientes secos y cerrados. Su eventual uso por parte de agentes de ICE en exteriores representaría, por tanto, condiciones operativas no probadas hasta ahora.