Staff/Letras Prohibidas
CALIFORNIA, Estados Unidos. -Algunos matemáticos están indignados. Otros, preocupados. Y muchos más, fascinados. Y todos tienen motivos de peso para sentirse así, porque la llegada de los modelos de inteligencia artificial (IA) de frontera a la investigación matemática desató una sacudida que no es fácil de digerir… ¡Zaaas culebra!
En las últimas semanas, OPENAI ha protagonizado varios de los hitos más llamativos de la década en el terreno de las matemáticas. Y por si fuera poco, en las últimas horas publicó un mensaje en la red social X para anticipar que prepara la difusión de más resultados matemáticos producidos por un modelo de frontera de uso interno.
Esto apenas empieza. A principios de septiembre, uno de esos modelos de vanguardia, que por ahora sólo utilizan los investigadores de la propia compañía, logró encontrar una solución al problema de Navier-Stokes, uno de los Problemas del Milenio que seguían sin resolverse.
OJO AL DATO, dijo el garabato: ese resultado todavía no ha sido validado de forma independiente por la comunidad matemática, pero deja ver algo mucho más profundo: una IA ya es capaz de enfrentar problemas que durante décadas se les resistieron a los mejores matemáticos del mundo. A ello se suma otro caso reciente, pues el pasado 30 de septiembre, OPENAI publicó un resultado sobre una versión debilitada de la hipótesis de Riemann… ¡Ufff!
Sin embargo, el sector más crítico de la comunidad matemática no aplaude; está horrorizado. La Asociación de Matemáticas Humanas emitió un comunicado en respuesta al lanzamiento de resultados que OPENAI hizo el 6 de octubre, y no se guardó nada.
“OpenAI, que actualmente se defiende en demandas por acusaciones de plagio ilegal, infracción de derechos de autor y dilución de marca, publicó un repositorio de manuscritos que supuestamente contienen soluciones a varios problemas destacados de las matemáticas. Los matemáticos no pidieron que se hiciera este trabajo […] OpenAI ha demostrado un desprecio total por las normas de la investigación científica, normas que garantizan que las matemáticas sigan siendo fiables, se investiguen de forma ética y sirvan al interés público”, señala el documento.
Y el tono sube todavía más: “Instamos a los matemáticos y al público a valorar este modelo de publicación con el debido escepticismo. Publicar más de 700 archivos de golpe no es una demostración de rigor académico, sino una demostración de poder. Instamos a los matemáticos a dejar de colaborar con OpenAI […]”… ¡Calla pesáo!
Los ánimos, pues, están que arden. A una parte de los matemáticos no les hace ninguna gracia que un laboratorio de IA suelte un aluvión de resultados sin someterse a las normas de investigación mayoritariamente aceptadas.
Por su parte, OPENAI defendió su postura en un artículo publicado el mismo 6 de octubre: “Para establecer un procedimiento común a la hora de compartir resultados con la comunidad matemática, hemos consultado al Grupo Asesor sobre Matemáticas e Inteligencia Artificial del Instituto de Estudios Avanzados, un organismo independiente, sobre el desarrollo de buenas prácticas. Estamos incorporando sus consejos y recomendaciones públicas a nuestra forma de publicar estos resultados […]”.
La empresa añadió que, para promover la transparencia, también publicó en su repositorio más detalles sobre cómo obtuvo los resultados, y aseguró que quiere que estos avances “amplíen los límites del conocimiento humano”. Incluso adelantó que trabaja para poner el modelo que produjo estos resultados directamente en manos de los científicos, de forma responsable… ¡Santas Batirealidades!
EN CONCRETO, dijo el albañil: detrás del pleito hay un problema de fondo, y quien mejor lo ha planteado es nada menos que TERENCE TAO. En la comunidad científica existe un consenso casi unánime en que este investigador, con doble nacionalidad australiana y estadounidense, es el auténtico “Mozart de las matemáticas”. Su prestigio se lo ganó a pulso: obtuvo la Medalla Fields, considerada el Nobel de las matemáticas, en 2006, cuando tenía 31 años, por sus aportes en la teoría de números, las ecuaciones en derivadas parciales y el análisis armónico.
Ojo, que TAO no es enemigo de la IA. Sostiene que no acabará sustituyendo a los investigadores y que, en realidad, es una herramienta muy valiosa que permite dejar atrás la investigación individual para colaborar en proyectos más grandes y ambiciosos. Y predica con el ejemplo, pues ya incorporó Lean a su trabajo diario, un asistente de demostraciones y lenguaje de programación diseñado para verificar que los razonamientos matemáticos sean totalmente correctos. De hecho, es uno de sus principales impulsores dentro de la comunidad científica.
Pese a todo, en su artículo “Las matemáticas en la era de la IA”, TAO puso sobre la mesa, con mucha lucidez, los riesgos de ceder la investigación a una máquina. Una de sus preocupaciones son las matemáticas que nos estamos perdiendo: “Para resolver realmente un problema matemático, proporcionar una mera respuesta (incluso aunque esté formalmente certificada) no es suficiente. Lo que falta es una demostración inteligible que los matemáticos humanos puedan comprender y utilizar para hacer avanzar los objetivos de las matemáticas”.
Además, advierte que aunque un modelo de IA produzca demostraciones correctas y comprensibles, eso no significa que “haya resuelto las matemáticas”, como presumen algunos de sus partidarios. Para TAO, la disciplina no se reduce a resolver problemas; también implica desarrollar conceptos y teorías, formular nuevas preguntas, unificar áreas distintas, educar a nuevas generaciones y construir conocimiento acumulativo. Dicho de otra forma, la máquina puede dar la respuesta, pero el entendimiento sigue siendo cosa de humanos… ¡Ostias tío de la Virgen santa!